XAVIER BERMÚDEZ, DIRECTOR DE «OLVIDO Y LEÓN»: «ECHABA DE MENOS A MIS PERSONAJES»

¿Por qué, dieciséis años después, “Olvido y León”?

Le he dado muchas vueltas al por qué, pero solo encuentro una explicación que me resulte convincente. Les echaba de menos. A León y a Olvido y a Marta y a Guille. Les echaba de menos.

¿Qué le puede decir al público para animarle a ir a ver “Olvido y León”?

Lo primero es decirle que las salas de cine son seguras. Así que les animo a salir de casa para otra cosa distinta a la de ir al trabajo o a hacer la compra. Salir para ver una película en la que, para hacerla, se ha pensado precisamente en el público.
Lo segundo es decirle que si va a ver “Olvido y León” va a ver cine. Es decir, va a ver a personajes vivos en un tiempo y lugar concretos mostrados a través de una sucesión de situaciones y acciones cuyo sentido último solo se puede formar en la mente y el corazón del espectador.

Si hay dos tipos de cine, el cine comercial que quiere conquistar a un público mayoritario y el cine de autor, hecho pensando principalmente en innovar formas, en dar una visión del mundo… ¿en cuál de los dos se sitúa usted?

No hay dos tipos de cine. Esto es una falsedad y es una falsedad interesada. Hay un cine, que podríamos denominar industrial, que se hace pensando en el espectador, pero en un espectador al que se suele convertir en un estereotipo (ese fantasma, el famoso espectador medio. Medio… medio bastantes cosas…). Hay otro cine que también tiene en cuenta al espectador, pero a un espectador específico al que trata como a un igual y al que le mira a los ojos y del que sabe que a su vez esos ojos miran. Y hay un tercer tipo de cine que ignora al espectador, al menos si no consideramos como espectadores a los gestores y programadores que ahora ocupan la mayor parte de comisiones que por el mundo hay. Aki Kaurismaki lo expresa de una manera más contundente, de una manera que yo abrazo (cito de memoria): No hay dos tipos de películas, hay tres. Las películas de autor de mierda, las películas comerciales de mierda y las que se hacen porque alguien tiene algo que contar y se lanza a hacerlo.

Retoma usted dieciséis años después a los mismos personajes, sin embargo, se trata de una película muy diferente a “León y Olvido”.

“Olvido y León” es completamente autónoma respecto a “León y Olvido”. Aunque inevitablemente tienen cosas en común; no podía ser de otra manera teniendo a los mismos personajes. Recuerdo que, cuando estaba esperando a los actores en el Balneario de Laias, hablé por teléfono con Guillem Jiménez, que me anunciaba desde Barcelona que al día siguiente estaría ya en Ourense. Le dije que estaba deseando abrazarlo y tenerlos a los dos, a él y a Marta, otra vez conmigo en una película. Tras una pausa, me contesta: “Xavier, quiero que sepas que ahora estoy muy diferente de cuando hicimos la otra peli”. “No te preocupes”, le dije, “me doy cuenta, tu a mí también me vas a encontrar diferente…”. Y también Marta había cambiado. No había duda de que lo primero que la película nos iba a dar y le iba a dar a los espectadores que hubiesen visto antes “León y Olvido”, más allá de cualquier voluntad o intención, es lo cinematográfico por excelencia: la huella del tiempo.

¿Está satisfecho con la película que han hecho?

Estoy muy satisfecho con lo que no hemos hecho: No hemos hecho cine periodístico. No vendemos ni promocionamos ninguna idea ni doctrina ni salvación. No hemos hecho un plato de comida rápida. Hemos hecho una película. Hemos hecho cine, me parece. Con esto también estoy satisfecho. Hemos hecho una película que ignora los estándares del cine industrial y del cine de autor realmente existente. Una película con un sentimiento y un humor, quizá especiales.

Insiste usted en el término cine…

Es que el cine si va a morir de algo es ahogándose en el océano indistinto de lo audiovisual. Con el cine se pueden hacer un montón de cosas distintas, completamente distintas unas de otras y todas muy legítimas. Y lo mejor es que sea lo más plural posible, aunque actualmente me parece no estamos corriendo ese riesgo de pluralidad. Porque lo que más se viene haciendo normalmente es un cine bastante estandarizado, en el caso del cine industrial y en el llamado de autor. El industrial, acusadamente novelesco, incluso a veces teatral, y ambos, industrial y de autor, normalmente muy abstractos y moralizantes. Muy vestidos asímismo de efectos visuales, diferentes en cada caso. A mí me interesa explorar una posibilidad a la que podemos llamar lo genuino cinematográfico. Lo que otras artes no te pueden dar y solo te puede dar el cine: Una suerte de componenda entre un drama (una acción) -expresado a través de una yuxtaposición de imágenes- y el registro de lo real inmediato. Juego de representación y testimonio, inseparables. Como dos hermanos siameses.

Como dos hermanos…volvemos a la película. Son muchos los temas que plantea: la preocupación por el futuro, la inclusión, la exclusión, el suicidio, el amor, la pareja, el esfuerzo, el trabajo, las carencias sociales, las ilusiones políticas, profesionales y sentimentales…

Todos los temas se desprenden de uno y conviven orgánicamente con él. Ese tema es el deseo de vivir en conflicto con el ambiente social, con la circunstancia existencial que te ha tocado en mala suerte. La película desarrolla distintas variantes sobre ese tema al tiempo que establece una progresión emocional hacia la pregunta esencial: ¿qué pueden esperar sus protagonistas en el mundo que les ha tocado vivir? ¿de dónde, de qué, de quién lo pueden esperar? Este es un comentario quizá muy abstracto, pero hacerlo más concreto me llevaría a describir la acción de la película y… esto ya lo hemos hecho. Así que no me queda otra que decir: Pasen y vean, “Olvido y León”.

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